Duelos truncados: sentidos subjetivos y narrativas de jóvenes y madres de personas desaparecidas en Colombia1

Valentina Cortés-Villegas2

Ana María Saavedra3

David Arturo Ospina-Ramírez4

Resumen

El artículo examina cómo madres e hijos afectados por la desaparición forzada manejan su duelo. Objetivo: comprender las afectaciones y estrategias de afrontamiento desarrolladas. Participantes: hijos, hijas y madres de desaparecidos, personas entre los 25 y los 55 años, vinculados al conflicto armado. Metodología: enfoque hermenéutico reflexivo, utilizando entrevistas semiestructuradas y análisis metafórico. Resultados: identificación de estigmas sociales y la transformación de sueños y proyectos familiares. Se destaca la aceptación y reconfiguración de la cotidianidad como principales mecanismos de afrontamiento, encontrando que el fuego y la oscuridad simbolizan comúnmente la experiencia vivida, evidenciando recursos personales y relacionales para superar la adversidad.

Palabras clave:

Guerra; jóvenes; madres; violencia ;

desaparición forzada.

Truncated grief: subjective meanings and narratives of relatives of missing persons in Colombia

Abstract

The article examines how mothers and children affected by forced disappearance cope with their grief. Objective: to understand the impacts and coping strategies developed. Participants: sons, daughters, and mothers of the disappeared, individuals aged between 25 and 55, linked to the armed conflict. Methodology: reflexive hermeneutic approach, using semi-structured interviews and metaphorical analysis. Results: identification of social stigmas and the transformation of family dreams and projects. Acceptance and reconfiguration of everyday life are highlighted as the main coping mechanisms, finding that fire and darkness commonly symbolize the experienced reality, demonstrating personal and relational resources to overcome adversity.

Keywords:

War; youth; mothers; violence; forced disappearance.

Lutos interrompidos: sentidos subjetivos e narrativas de jovens e mães de pessoas desaparecidas na Colômbia

Resumo

O artigo examina como mães e filhos afetados pelo desaparecimento forçado lidam com o luto. Objetivo: compreender as afetações e as estratégias de enfrentamento desenvolvidas. Participantes: filhos, filhas e mães de pessoas desaparecidas, com idades entre 25 e 55 anos, vinculados ao conflito armado. Metodologia: abordagem hermenêutica reflexiva, utilizando entrevistas semiestruturadas e análise metafórica. Resultados: identificação de estigmas sociais e transformação de sonhos e projetos familiares. Destaca-se a aceitação e a reconfiguração da vida cotidiana como principais mecanismos de enfrentamento, observando-se que o fogo e a escuridão simbolizam com frequência a experiência vivida, evidenciando recursos pessoais e relacionais para superar a adversidade.

Palavras-chave:

guerra; jovens; mães; violência; desaparecimento forçado.

Introducción

El primer caso oficial de desaparición forzada en Colombia se registró 1977 (Valdés, 2017), desde entonces ha sido una práctica utilizada por todos los actores del conflicto armado colombiano, para mantenerse en la puja por el poder, atemorizando a poblaciones enteras y sometiéndolas utilizando miedo. Según el Registro Único de Víctimas y Red Nacional de Información (2023) al corte del 31 de mayo de 2023, las víctimas directas de desaparición forzada han sido 51.263 personas; mientras que las indirectas, es decir, familiares y núcleo cercano a las personas desaparecidas, son 140.948.

Al ser la desaparición forzada una conducta de carácter pluriofensivo (Defensoría del Pueblo, 2018), las familias de las personas desaparecidas se constituyen como víctimas por ser sometidas a mantener un duelo suspendido y/o truncado, por experimentar sufrimiento y dolor permanente y cambiar drásticamente la ruta de vida, así como las premisas básicas de confianza en el mundo social (Centro Nacional de Memoria Histórica [CNMH], 2014).

A nivel individual, se experimenta miedo, ansiedad, frustración en los proyectos de vida y angustia, que se derivan del duelo no resuelto, así como inestabilidad emocional de los individuos, que se centraliza en la pérdida de identidad ante el fuerte suceso de desaparición forzada de su familiar (Castro y David, 2018).

A nivel familiar se observa una reasignación de roles familiares debido a la ausencia de la persona desaparecida, que generalmente se hacía cargo del hogar, y por ello, sus familiares deben asumir responsabilidades que no poseían (Costet, 2019).

Por lo tanto, el interés de este estudio gira en torno a ahondar en la experiencia cotidiana de familiares de personas dadas por desaparecidas en el marco del conflicto armado, por ello se plantean las siguientes preguntas de investigación: ¿cuáles son las afectaciones que han vivido las familias de personas víctimas de desaparición forzada en Colombia?, y ¿cuáles son las herramientas psico-emocionales desarrolladas durante su duelo?

Marco teórico y antecedentes

Desaparición forzada en Colombia

La historia colombiana se caracteriza por una profunda violencia que, contrariamente a la creencia de su inicio en los años sesenta, tiene sus raíces en el siglo XIX. Eventos como la Guerra de los Mil Días entre conservadores y liberales, con un saldo de hasta 100 mil muertos, evidencian la antigüedad del conflicto armado (Ríos, 2019). Este se ha transformado y diversificado en el tiempo, incorporando a partir de los años sesenta las primeras guerrillas en respuesta a la desigualdad social y la restricción de la participación política, así como la posterior concurrencia de paramilitares y narcotraficantes (Moreira et al., 2015).

La violencia ha evolucionado en sus métodos, especialmente desde los noventa, con prácticas como la desaparición forzada, definida por la Comisión de la Verdad (2022b) como la privación de la libertad seguida de la negación de dicho acto, siendo considerada un delito de lesa humanidad. Colombia reporta aproximadamente 192.211 víctimas de desaparición forzada, perpetrada mayoritariamente por paramilitares, las FARC-EP, y paramilitares asociados a la fuerza pública (Comisión de la Verdad, 2022b; Registro Único de Víctimas y Red Nacional de Información, 2023).

El incremento significativo de desapariciones forzadas entre los años 80 y 2000 demuestra su utilización para sembrar terror y evadir responsabilidades ante la opinión pública y la justicia. Este crimen no solo afecta a las víctimas directas sino que genera un profundo impacto psicológico y social en los familiares y comunidades afectadas, condicionando las relaciones sociales y perpetuando un ciclo de sufrimiento y mortificación descrito como una forma de tortura (Comisión de la Verdad, 2022a; GMH, 2013).

Las familias de las víctimas han desarrollado estrategias de afrontamiento y se han organizado en busca de verdad, justicia, reparación, y no repetición, a pesar de la guerra no haber terminado. La incertidumbre y la angustia por la ausencia de seres queridos dificultan la experiencia vital, y solo la recuperación de los cuerpos permite comenzar el duelo (Alvis-Rizzo et al., 2015; Serrano-Mora y Quintero-Mejía, 2022; Tamayo-Arango y Arenas-López, 2021; Villanueva-Coronado et al., 2022).

Esta síntesis refleja la complejidad del conflicto colombiano, destacando la importancia de la memoria histórica y la necesidad de abordar las consecuencias humanitarias del conflicto para avanzar hacia la paz y la reconciliación.

La espera del desaparecido: duelos truncados y sentidos subjetivos

En Colombia, la desaparición forzada ha dejado a muchas familias en un estado de incertidumbre y dolor prolongado, condición que Pauline Boss (2002) denomina “pérdida ambigua”, refiriéndose a la incertidumbre sobre si un ser querido está vivo o muerto. Esta situación, donde los desaparecidos permanecen físicamente ausentes pero psicológicamente presentes, tiene un impacto profundo en las familias y amigos afectados (Almanza-Avendaño et al., 2020).

La ausencia de certeza y la espera de respuestas impiden que los deudos completen el proceso de duelo, ya que la falta de un cuerpo y la verdad impiden la realización de ritos funerarios, esenciales para confrontar la pérdida y empezar a sanar (Freud, 1913; Zorio, 2011). Los rituales ayudan a afirmar el valor social, cultural y emocional de los fallecidos, permitiendo a los dolientes mantener lazos afectivos. La imposibilidad de realizar estos ritos deja a las personas desaparecidas fuera del orden social y obstaculiza el proceso de duelo.

Esta situación de duelo truncado no solo afecta individualmente, también tiene un impacto significativo en el tejido social. Las familias y comunidades experimentan una alteración en su cotidianidad y percepción del mundo, porque la búsqueda de los desaparecidos se convierte en un elemento vital, cambiando dinámicas familiares y proyectos de vida (Centro Nacional de Memoria Histórica [CNMH], 2014; Toro, 2015). Este proceso de búsqueda y espera afecta la subjetividad política de los individuos, alterando sus roles dentro de la familia y la comunidad.

Lazarus y Folkman (1986) describen el afrontamiento como un conjunto de estrategias cognitivas y conductuales utilizadas para manejar situaciones percibidas como desafiantes o amenazantes. En el contexto de la desaparición forzada en Colombia, las estrategias de afrontamiento varían ampliamente, desde la búsqueda de apoyo social hasta la reevaluación positiva de la situación (Valverde et al., 2003). Estas estrategias reflejan la complejidad y la diversidad de respuestas ante la pérdida ambigua y el trauma colectivo.

La guerra y sus manifestaciones, como la desaparición forzada, han dejado una profunda herida en la sociedad colombiana, transformando las estructuras familiares y comunitarias (Martín-Baró, 1988). La esperanza de reencuentro o el temor a la pérdida definitiva movilizan acciones colectivas y afectan la conciencia histórica y la subjetividad política de los individuos, incitándoles a buscar justicia, verdad y reparación.

Díaz-Gómez y Pavas (2019) destacan la importancia de los sentidos subjetivos en este proceso, ya que permiten a los individuos mantenerse conectados con la vida, a pesar de las adversidades. Este proceso de búsqueda y afrontamiento de la pérdida ambigua se convierte en un acto de resistencia y una forma de preservar la dignidad de los desaparecidos, desafiando el olvido y la impunidad. La acción colectiva de organizaciones familiares y movimientos sociales, refleja la necesidad de reconocimiento y justicia, así como la importancia de la solidaridad comunitaria en la construcción de memoria y la exigencia de responsabilidades.

La movilización de las familias y comunidades afectadas por la desaparición forzada en Colombia ha impulsado cambios en la política pública y en el marco jurídico, buscando mecanismos más efectivos para la búsqueda de los desaparecidos y la reparación a las víctimas. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, muchos desafíos persisten, incluyendo la necesidad de una mayor cooperación institucional y el fortalecimiento de las capacidades forenses para la identificación de restos, aspectos cruciales para facilitar los procesos de duelo y cerrar ciclos de incertidumbre para las familias.

Método

Para esta investigación las narraciones son el eje fundamental. A partir de ellas se crean relatos importantes para el proceso del duelo truncado al que son sometidas las personas que tienen familiares o personas cercanas desaparecidas. En el método fue importante hacer énfasis en cómo estas les dan valor a los procesos de afrontamiento personal.

Castillo et al. (2012) refieren que, para la salud mental las narrativas son una manera de librarse del peso que tienen las historias. A través de las conversaciones, las historias adquieren una perspectiva diferente que permite al narrador o la narradora construir una realidad específica propia. También son el lugar para mantener la memoria viva y permiten que otros puedan ver las experiencias propias. Las narraciones motivan el cambio, externalizando la experiencia mientras se adquieren nuevas apreciaciones.

Las investigaciones sobre el duelo truncado indican que los procesos de afrontamiento están entrelazados a las narrativas y las experiencias subjetivas corporales y simbólicas, implicando un discurso específico para poder continuar con la vida propia mientras se hace memoria. En este orden, las entrevistas semi-estructuradas “que se caracterizan por incluir un cuestionario ordenado de preguntas estandarizadas, pero de respuesta abierta” (Gaínza, 2006, p. 256) fue el método utilizado para conocer las narrativas dentro del duelo truncado. Adicionalmente se construyó una fábula para visualizar cómo en las narrativas se pueden crear relaciones con otros animales y objetos. Esta intención metaforiza las historias, lo cual permite “la transmutación como resultado de la transferencia hacia otra zona de significado” (Ricoeur, 1975, p. 350), hecho que genera una nueva perspectiva de la historia para la persona entrevistada.

Técnicas para la recolección de la información

En las entrevistas semi-estructuradas se desarrollaron cuatro momentos. En el primero, se enfatizó sobre los datos específicos de la persona entrevistada, como fecha de nacimiento, con quién(es) vive(n), cómo es su cotidianidad, entre otras. El segundo momento se centró en la vida y la memoria de la persona desaparecida con preguntas: ¿cómo recuerdan a esa persona?, ¿qué saben de ella? También fue la oportunidad para introducir el contexto de la desaparición. En el tercer momento, las personas respondieron preguntas alrededor de cuáles fueron las posibles transformaciones y aprendizajes vividos después de experimentar la desaparición; también se preguntó cómo sería la vida propia si el hecho de la desaparición no hubiera sucedido. Para finalizar la entrevista se hizo énfasis en la búsqueda y lo que eso implica en su construcción de proyecto de vida.

Después de la entrevista semi-estructurada se realizó el ejercicio creativo de fabulación en el que se creó la metaforización de historias de la desaparición; el cual invitó a las personas entrevistadas a imaginarse animales u objetos, narrando desde otros lugares su historia en relación a la desaparición. En ese sentido, la mediación y la conversación llevó a la construcción de una fábula que permitió observar su discurso desde otro lugar.

Selección de los participantes

La entrevista y la fabulación se realizaron con tres personas de diferentes lugares de Colombia que han vivido la desaparición de un ser querido. El primer caso es una hija que perdió a su padre por parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); el segundo, un hermano que desconoce el paradero de un medio-hermano que nunca ha conocido, y finalmente, una madre a la que le desaparecieron su hijo para presentarlo como una baja guerrillera. Los participantes se ubican entre los 25 y los 55 años de edad.

Criterios éticos de la investigación

Es importante abordar criterios éticos especiales en contextos de vulnerabilidad y violencia, como es el caso de personas con familiares desaparecidos. Para ello se manejaron consentimientos informados y se acordó el cambio de nombres y de los lugares de los hechos ocurridos, con el fin de proteger la identidad y la seguridad de quienes abrieron sus experiencias. De otro lado, se socializaron los resultados con los participantes.

Análisis de la información

El análisis se realizó mediante lectura de la información, propuesta por Ospina-Ramírez y Ospina-Alvarado (2022), en la cual, de acuerdo con los autores, no se fragmentan las narrativas en función de categorías determinadas, sino que se analizan de manera particular sin categorizar la información, logrando que cada historia tenga sus propias unidades de sentido.

Resultados

Los resultados que se presentan a continuación se desarrollan desde cada uno de los casos, para respetar la integridad de las historias de vida.

Primer caso: Karla5

Yo no le aflojaba el pie a mi papá, la verdad es que yo con mi mamá y mi papá siempre, si ellos iban a salir, yo iba a ir. De pronto que fueran a salir solos, no, yo tenía que ir, mi hermana no le prestaba atención (...) ella era más independiente; pero yo, si mi papá se iba a ir, yo me iba con él, mi mamá se quedaba o si salía con mi mamá yo me iba en el carro con ellos, o sea, siempre fue muy cercano. (Comunicado personal, 2023)

La vida de Karla cambió radicalmente después de la desaparición de su papá, ya que tenían una relación muy cercana, era muy apegada a él y también a su mamá:

Por eso fue que cuando él desapareció mi mamá lo pensó para decirme y de hecho ella no me lo dijo; yo me enteré porque o sea por casualidad o por no sé, cosas del destino de la vida, yo me enteré por otro lado y fue peor el asunto. (Comunicado personal, 2023)

La desaparición de su papá está ligada a un caso de masacre en el Urabá antioqueño; y cuando esto sucedió, ella tenía solo 13 años de edad. El impacto fue para toda la familia, a pesar de que ella sea la protagonista de esta historia: “el día que mi hermana cumple años ese día se desapareció mi papá” (Comunicado personal, 2023).

Como lo afirma la Comisión de la Verdad (2022a), la desaparición forzada “lesiona la integridad de los familiares y allegados, pone sus vidas en un enorme paréntesis, cambia y detiene sus proyectos” (p. 48). Por ejemplo, en este caso, desde el día de la desaparición del padre, no se celebra la vida de la hermana mayor de la familia. Esto, igualmente, está estrechamente asociado al hecho de condenar la posibilidad de sentir alivio en algo o expresar emociones placenteras: reír, celebrar, entre otras (Gutiérrez de Piñeres, 2013).

Para Gatti (2011) “la desaparición forzada de personas es una catástrofe, una herida más profunda que un trauma, más duradera que un evento. Una ‘inestabilidad estable’: el desajuste permanente entre palabras y cosas convertido en estructura”. En el caso de Karla, su manera de afrontar la muerte del padre, con solo trece años, fue aferrarse a la rabia:

Yo me transformé, me volví muy peleona en el colegio. Aquí había un boxeador que todavía está vivo que se llama Happy Lora. A mí me decían El Happy de La Sagrada Familia. Porque yo me volví rebelde, grosera, peleona. Tú me decías una cosa y enseguida yo era a los puños, porque ni siquiera era de palabras. Si no era enseguida los puños. (...) A una muchacha le rompí la nariz, a otra le partí la boca. (Comunicado personal, 2023)

Pasó mucho tiempo para que Karla decidiera atender su dolor. Sin embargo, las víctimas familiares de este caso, conformaron un comité y después de mucho tiempo, ella se integró hasta convertirse en lideresa del mismo:

Actualmente soy líder social, defensora de Derechos Humanos. Soy líder y pues hago parte del Comité Coordinador Caso, que es el caso de la desaparición de 43 campesinos desaparecidos forzadamente en un corregimiento de Urabá, Antioquia, y lidero hace más de 20 años este comité junto con otros 3 compañeros más. (Comunicado personal, 2023)

Durante la verbalización de su historia, hay dos aspectos que Karla rescata y menciona como pilares fundamentales en su proceso de aceptación y sanación. En primer lugar, aunque la ayuda psicosocial se demoró y la está teniendo luego de aproximadamente 20 años del hecho, el proceso terapéutico que lleva le ha ayudado para afrontar la desaparición de su papá y desarrollar herramientas para elaborar su duelo. En relación a esto Karla cuenta:

Yo pienso que si a nosotros desde el primer momento nos hubiesen dado esa atención psicosocial que estamos recibiendo después de tantos años, las cosas hubiesen sido diferentes. (...) Yo al principio cuando empecé el proceso, hablaba de eso y era llorar y llorar y me deprimía y pasaba triste. No quería que nadie me hablara. (...) Ya yo como empecé a sanar, empecé como un proceso, un proceso de aceptación, porque era que yo no aceptaba. (...) Cuando ya empiezo a sacar todos esos sentimientos, todas esas emociones, es que se dan cuenta que yo estaba haciendo un doble trabajo, como digo yo, de aceptar y no aceptar. (...) Entonces, ahí es que me llevan al fondo de la situación y me hacen entender: tu papá está desaparecido, tienes que aceptar que está desaparecido y que ya no hay una (esperanza) de que va a volver, de que va a regresar, o sea, no tengo esa posibilidad, entonces o tienes que aceptarlo o lo aceptas o lo aceptas. Pero eso es con asistencia. (Comunicado personal, 2023)

En segundo lugar, Karla reconoce que el hecho de agremiarse y reunirse con otras personas que también son familiares de víctimas de desaparición forzada, le ha servido para superar las emociones destructivas con las que reaccionó en el momento en que se enteró de la suerte de su papá y de esta manera ha podido transformarlas positivamente tanto para ella misma, como para las familias que integran el comité de víctimas que ella lidera:

Yo pasé toda esa negatividad, toda esa frustración, toda esa rabia, toda esa agresividad, integrándome, participando en los espacios. (...) Porque es que tú cuando tienes un problema, cuando tienes un dolor, cuando has vivido una situación de tal magnitud, o sea, tienes mucho dolor y muchas cosas que tú tienes que sanar para que te puedas abrir a otros espacios y puedas interactuar con otras personas para que cuando hables del tema… No es que te vayas a olvidar ni que eso se va a borrar de tu mente, no. Eso queda en la mente de una hasta el día que uno deja de existir en esta tierra, ¿sí?, pero por lo menos manejas la situación. (Comunicado personal, 2023)

Según Valverde et al. (2003) las estrategias de afrontamiento son las acciones concretas que una persona puede llevar a cabo, dependiendo del contexto, para hacerle frente a una situación específica desencadenante y que es compleja. En el caso de Karla, ella refiere que, gracias a su proceso de liderazgo social, ha diezmado el dolor y ha podido acercarse más a la aceptación de su pérdida:

Si yo me hubiese puesto sola a tratar de sanar, a tratar de entender, no lo hubiese logrado. Entonces interactuar con otras personas y también ser como ese apoyo para ellos, me sirvió mucho y, de hecho, ahora, en este momento, he aprendido a manejar tanto la situación, que yo a veces soy apoyo para ellos. O sea, no soy psicóloga, pero empíricamente, en la experiencia que he vivido y todo lo que he pasado, el recorrido que llevamos, el tiempo que tenemos… hemos aprendido muchas cosas y nosotros podemos darle apoyo a esas otras personas que también tienen familiares desaparecidos. (Comunicado personal, 2023)

Sin embargo, como lo explican Almanza-Avendaño et al. (2020) no hay linealidad en el duelo por desaparición forzada. Es decir, aunque se avance en el proceso de aceptación de la pérdida ambigua, sigue siendo eso: ambigua, y, por lo tanto, la sensación de incertidumbre siempre está. En el caso de Karla, por ejemplo, a pesar de lo que ha vivido, ha visto y aprendido, ella sigue esperando a su padre:

A veces pienso que de pronto me va a sorprender un día. Pero también soy consciente de que eso es una fantasía. De pronto ese deseo o esa esperanza que tengo se acaba el día que yo reciba el cuerpo de mi papi, así sea un huesito... pero bueno... Ese es Wilmer6... Sí, él desapareció, sí, lo asesinaron, pero aquí está y ya. Sí, que yo tenga esa certeza, pero hasta que yo no vea un huesito de mi papá, yo todavía sí tengo la esperanza. (Comunicado personal, ٢٠٢٣)

En el caso del padre de Karla, que está anclado a una masacre, ella visibiliza que no está de acuerdo con el veredicto en la sentencia que lograron como Comité en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Por el contrario, considera que este es un caso de desaparición, ya que no se han encontrado todos los cuerpos:

Por eso yo no estoy de acuerdo desde que salió la sentencia, yo siempre he sido crítica de eso, porque la sentencia, si tú la buscas en Google, dice: sentencia masacre de... Corte Interamericana… y yo siempre he dicho: eso no es una masacre, porque es que nuestros familiares, todavía siguen desaparecidos. Hemos encontrado pocos. (Comunicado personal, 2023)

Según Toro (2015), en el acto de adelantar funerales dignos para los seres queridos:

Hay una necesidad de cumplimiento social (enterrar a los muertos), pero hay también una necesidad psíquica: elaborar el duelo. La primera se satisface frente a las obligaciones contraídas con los otros miembros de la sociedad: es una norma no escrita, pero tiene la fuerza poderosa de un código cultural. La segunda se sitúa frente a las urgencias personales y emocionales. Una es colectiva, la otra, individual. Estas acciones pretenden, sí, substraer el cuerpo del familiar querido de la deshonra a la que se le quiere someter, pero ante todo, in fine, buscan que las víctimas puedan avanzar en la construcción de su propio duelo. (p. 13)

Refiriéndose a esto, Karla dice:

Para nosotros es importante rescatar esos cuerpos porque ya tú vas a tener una prueba de que sí lo desaparecieron, está muerto..., ya tú tienes ese ser…, así sea un huesito..., tú dices: bueno, ya lo recuperé, ya está conmigo, ya puedo darle cristiana sepultura y ya sé que está allá enterrado en un nicho, en cualquier lado... A nosotros por lo menos cuando hacemos la conmemoración (decimos)… en donde quiera que esté… (porque) nosotros no sabemos exactamente dónde están sus cuerpos. Si realmente todavía están en esos cuerpos o no... Para nosotros es primordial, aunque yo digo: si yo encuentro el cuerpo de mi papá, bueno, descanso un mes, o sea, me alegro porque ya yo sé que ya lo encontré, que le di cristiana sepultura, que ya sé dónde está, pero si no lo encuentro tengo que hacerme a la idea, y es difícil porque tú viendo el cuerpo ya tú sanas esa incertidumbre..., porque tú vives en una constante incertidumbre. Entonces por eso es importante que nosotros podamos conseguir los cuerpos de nuestros familiares y por eso es que nosotros decimos que nosotros vamos a dar la pelea hasta donde Dios permita. (Comunicado personal, 2023)

En el comité y su trabajo al interior de el, Karla le da sentido a su búsqueda y a su lucha. Aunque todo cambió en su vida después de la desaparición y sus sueños se convirtieron en una promesa pendiente:

Cuando él desaparece, todo cambia, o sea, ya mis sueños ya como que ese deseo yo, yo cuando él desapareció, que ya hablé con mi mamá y eso, yo pensaba en eso, yo decía: “ay papi, tú que querías que yo fuera abogada”. Siempre me recuerdo de eso. Y es un compromiso y es un, un... ¿cómo te digo yo?, además de un compromiso, es una deuda que yo tengo con mi papá. Yo siento que yo tengo que cumplir ese sueño. Por él y por mí. Entonces yo todavía sueño con eso y a veces le digo a los pelaos la situación mía, pues no ha sido fácil. He tenido muchos tropiezos y muchas cosas, porque cuando digo voy a empezar a estudiar, algo sucede, pero yo de que estudio Derecho, ¡estudio Derecho!, porque es eso, es un compromiso, es una promesa que yo le hice a él... Cuando yo me enteré que ya él no estaba, que estaba desaparecido, yo le dije que yo iba a ser abogada. Y lo voy a lograr. (Comunicado personal, 2023)

Finalmente, durante el ejercicio de fabulación, la primera imagen de metáfora que apareció fue el Ave Fénix. Observando esa imagen, podemos ver que hay una “categorización conceptual de la experiencia vital” (Villegas y Mallor, 2010, p. 8).

El fuego la quemó, pero ella renació de las cenizas, porque se siente más fuerte y capaz después de haber atravesado todo. Además, encontró en todo este proceso que tiene una cualidad muy importante para ella:

He aprendido el liderazgo. Yo nunca pensé tener un liderazgo y bueno, hoy, precisamente porque estoy recibiendo atenciones psicosociales por el convenio que hicimos con el Ministerio, hoy me daba cuenta que..., dentro de ese trabajo de liderazgo que he hecho tengo tantas cualidades, o sea, pude hoy darme cuenta que tengo y he adquirido muchas cualidades que de pronto yo pensé que no tenía. (Comunicado personal, 2023)

Segundo caso: Nelson7

Nelson tiene un medio hermano desaparecido del que no sabía de su existencia porque su padre se lo negó varias veces hasta que un día en una reunión familiar y en medio de una charla entre padre e hijo, finalmente lo aceptó: “lo que me dijo fue: ‘lo que a mí me dijeron era que se había metido a la guerrilla y lo habían matado” (Comunicado personal, 2023).

Nadie cercano a él sabe nada de su hermano desde hace aproximadamente 30 años, pero cuando Nelson tuvo indicios de su existencia, comenzó a indagar sobre su paradero, para averiguar qué le había sucedido. Este testimonio también revela los efectos que tiene la desaparición forzada de alguien cercano, porque lo vincula de alguna manera, ya que es una proyección de lo que pudo haber sido su vida:

La verdad a mí eso sí me generó como, como una no sé, como una cosa, como un vacío muy maluco porque pues a ver (...) ese ha sido un pueblo que ha estado con una confrontación frente al tema del conflicto armado, muy dura. (Comunicado personal, 2023)

Nelson explica que su familia, nacida y criada en el mismo municipio de donde es su medio hermano desaparecido, es reconocida como víctima del conflicto armado por parte del Estado y por diferentes razones: usurpación de tierras, robo, secuestro, entre otras. Además, con la búsqueda de su medio hermano, también ha podido darse cuenta que en su familia también hay quienes han sido actores armados, ya que en este proceso conoció a otro hermano (tampoco reconocido por su papá):

Resulta que yo tengo otro hermano medio, que él hacía parte, pues como de una estructura criminal acá y el año pasado yo lo vine a conocer a él. (...) Yo fui nacido y criado, digamos, bajo la sombra de tener dos hermanos que hacen parte o que han hecho parte del conflicto armado, que uno de ellos estuvo en la cárcel, uno de ellos tiene una pila de muertos encima y que el otro de ellos también ha tenido participación indirecta en el conflicto armado, y que no se sabe nada de él. (Comunicado personal, 2023)

Gracias a la ayuda del medio hermano que conoció en el año 2022, y a la reconstrucción de la historia a partir de sus investigaciones y consultas en el pueblo en donde nacieron, Nelson ha podido tener algunos datos de su medio hermano desaparecido hace 30 años:

Resulta que pues la mamá de él era parte de un grupo armado. Creo que en ese entonces de un grupo del ELN que estaba por la zona, y bueno, pues él nació y estuvo viviendo mucho tiempo en el municipio. (...) Él (el hermano medio recién conocido) me dijo que sabía que había estado por los lados de Anserma, colaboró cuidando unas minas de la guerrilla, fue lo único que me alcanzó a decir, que lo habían tenido muy entre ceja y ceja porque él estuvo trabajando con Don Berna y pues que le preocupaba mucho que las alianzas que tenía el Bloque Cacique Nutibara con un bloque que había entre el Departamento de Caldas y Risaralda, y que de pronto él fuera a caer como objetivo militar (...) pero que realmente nunca, nunca, nunca pudo tener noticias de su paradero, porque era una persona muy andariega. (...) Incluso él sabía que en algún momento había trabajado también con las autodefensas, cuidando unos cultivos de amapola en la costa, o sea que él propiamente no, no hacía parte como de ninguna estructura criminal, sino que les, sino que trabajaba para ellos haciendo, pues como otro, como otro tipo de labores. (Comunicado personal, 2023)

Esta realidad ha llevado a que Nelson, en su proyecto de vida, se ubique dentro de un contexto específico muy complejo, doloroso y difícil:

Uno ya empieza a pensar el asunto de qué es habitar el conflicto armado y qué es dejar que el conflicto armado lo habite a uno y qué es eso de hacer parte del conflicto armado porque así uno no sea un actor armado, uno también hace parte de ese conflicto como sociedad civil y ahora, de pronto, para mí puede que no haya como una familiaridad muy cercana (...) pero si hay un parentesco ahí, sí hay un asunto vinculante ahí, desde la sangre que así uno no le dé una especie de reconocimiento, uno también se ve en ellos porque uno dice, bueno, de pronto yo tuve otras oportunidades distintas. (Comunicado personal, 2023)

Como él se dedica a la academia, tiene una forma diferente y más reflexiva de analizar la situación:

Es que el proyecto de nación que tenemos los colombianos es un proyecto construido a base de sufrimiento, a base de sangre, a base de victimización y revictimización, cuando no es que uno está victimizado, el mismo Estado lo revictimiza a uno, yo creo que ese tipo de cosas influyen en uno de manera directa. (Comunicado personal, 2023)

En ese sentido, también reconoce cómo esto ha influido su vida: “cuando yo empiezo a enterarme, a leer un poco más de historia, yo termino pensando en esta categoría de la violencia armada. Y termino relacionando toda mi actividad académica con eso” (Comunicado personal, 2023).

Para Nelson, como persona y como académico, es importante saber sobre su hermano, encontrarlo o tener noticias de él, le ayudaría a sanar su pasado, que ha estado tan ligado al conflicto, en donde todos los actores han dejado víctimas colaterales, como él se reconoce, y que no pertenecen a ningún grupo armado (Zapata-Mazo et al., 2015, p. 157). Es que, a pesar de no conocer a su hermano, Nelson explica que:

Hay una conexión ahí con ellos y yo digo, vea, quizás yo me voy a morir. Yo nunca voy a saber ni cómo habla Hubert8, cuál o cuáles son los apellidos, ¿sí me entiende? O qué le gusta, que cómo bromea o qué le hubiera gustado estudiar, o me gustaría, por ejemplo, hacerle una entrevista..., así como la que tú me estás haciendo a mí… hacerle una entrevista. (Comunicado personal, 2023)

En el caso de Nelson, él expresa en su ejercicio de fabulación que se puede identificar como una cámara, mientras su hermano es una sombra. Esta expresión puede ligarse al argumento de López-Trujillo et al. (2021) que dice que “la construcción de metáforas se asume como un intento humano por comprender su realidad” (p. 21). En ese sentido y pensando que Nelson nunca ha conocido a su hermano, porque es una persona que se ha movido mucho, ser una cámara que captura la sombra hace alusión a que su hermano por fin se detiene de alguna manera.

Tercer caso: Magdalena9

Magdalena perdió a su hijo el 6 de febrero del 2008. Ese día él salió de casa y no regresó. Pasaron ocho meses antes de saber sobre su paradero. Este es el caso de una de las tantas familias víctimas de los llamados “falsos positivos”, que encontraron los cuerpos de sus familiares en fosas comunes en Ocaña, Norte de Santander.

Durante los ocho meses antes de tener noticias sobre su hijo, Magdalena lo buscó por muchos lugares; se dio cuenta que no era la única madre en esa situación, y a pesar de haberse unido a las demás para denunciar, la Fiscalía solo recibió sus declaraciones tiempo después de que dieron con el paradero de los jóvenes desaparecidos, aunque ellas aseguran que hace tiempo lo sabían. En este testimonio se retoma la importancia de la sepultura como rito:

Yo les dije que por favor me ayudaran para traer a mi niño, que quería darle cristiana sepultura, que no lo quería dejar por allá…, porque es parte de mi vida, parte de mi ser, parte de mi carne, parte de mi sangre. Yo no lo podía dejar por allá. Me dijo que no podían, que no tenían modo cómo, que no tenían, no, no podían… Me dijo “o le doy un consejo: déjelo allá”. Mire, yo me sentí la persona más despreciable del mundo. Yo estaba aquí, ese tipo estaba ahí (señala detrás de la mesa). Ese tipo se creció, la mesa se creció y yo me achiqué. Yo me sentía como una hormiga. (Comunicado personal, 2023)

Más adelante, en el desarrollo de la entrevista, Magdalena también habla de cómo el hecho de la desaparición crea un vacío que no le permite completar su duelo: “yo a pesar de haberle dado sepultura ya, lo esperaba o lo espero todavía. Yo pienso que tal vez fue una equivocación” (Comunicado personal, 2023). Esto explica que, en una desaparición forzada, así aparezca un pedazo del cuerpo, porque en muy pocas ocasiones los entregan enteros, la esperanza se mantiene viva y el duelo sigue incompleto.

El proceso de reparación en el marco del conflicto armado, específicamente en casos de desaparición forzada, también incluye el derecho a la verdad: a saber qué pasó, cómo y por qué. Al respecto, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH, 2014) afirma que “aproximarse a la verdad desde un ejercicio de memoria puede cumplir también un rol terapéutico al confirmar la experiencia de las víctimas, trayendo su voz, sus relatos y significados” (p. 25). Así mismo, es importante el reconocimiento de los responsables, su condena y el ofrecimiento de perdón por parte de ellos. De esta forma es que se explica que, a pesar de haber recuperado el cuerpo de su hijo, Magdalena aún tiene heridas abiertas e inconformidades con la manera en que se han abordado estos hechos en el país por parte de los medios de comunicación, los servidores públicos, la sociedad civil, los mismos victimarios y hasta algunas víctimas:

Llegamos allá y la chica de la Fiscalía… cuando yo llegué a la Fiscalía yo llevaba la carpeta de mi niño, la persona que estaba allí me dijo: “usted viene por uno de los NN esos, por uno de los guerrilleros”. Le dije: “no, vengo por Jairo Velandia Sanabria10”. Él dijo: “lo mismo da, es uno de los guerrilleros esos que se enfrentó al Ejército y el Ejército obligadamente tuvo que matarlo”. Yo le dije, entre mi tristeza y mi dolor que tenía: “¿cuándo mi hijo fue asesinado?”, me dice: “el 8 de febrero a las 3:30 de la tarde”, yo lo único que le dije fue: “si mi hijo fue desaparecido el 6 de febrero y asesinado el 8 de febrero, ¿a qué horas mi hijo fue guerrillero?, dígame usted”, dijo: “a ver, cómo le dijera…— como que cambió el tono —, a ver, cómo le digo yo a usted, cómo le explico yo a usted, lo que pasa es que ese es el reporte que dio el Ejército”. (Comunicado personal, 2023)

Toro (2015), dice que “para las víctimas, este proceso puede prescindir de la garantía de no repetición e incluso, de la reparación y de la justicia, pero nunca de la verdad. Una paz sin duelo es imposible: un duelo sin verdad es utópico” (p. 25). Y por su parte, Lira (2010) resalta que:

La verdad que falta, casi siempre, es la verdad de los sufrimientos, de los temores y sueños de las víctimas y la conexión de sus vidas con la historia de violencia, del conflicto y de la resistencia en el país, permitiendo identificar los significados que estas experiencias han tenido y tienen para ellas. (p. 16)

A pesar de expresar cómo el dolor sigue intacto de alguna manera, porque “créame que a veces la gente pensará que esto ya hace tantos años y todavía llorando” (Comunicado personal, 2023). No es que el dolor va a estar ahí por siempre. Magdalena ha encontrado maneras de afrontar el duelo a través del arte, el teatro, la visibilización y la colectividad:

Yo digo para mí, mi hijo es un gran héroe, ¿por qué?, porque por medio de él, la denuncia que yo hago, he podido salvar muchas vidas. Yo me la paso yendo a colegios, a universidades, a departamentos, a otros países a contar lo que sucedió, a decirle al mundo (se le corta la voz) lo que sucedió, y lo que está sucediendo. (Comunicado personal, 2023)

Para Magdalena también es muy importante haber encontrado en el teatro un refugio emocional y una manera de expresar sus sentimientos en medio de este duelo. Esto explica cómo el arte también se ha anclado como una manera de afrontamiento. En ese sentido, en aras de lograr esa reparación integral, se encuentran diferentes experiencias que desde el arte han contribuido a recuperar la sensación de control y la posibilidad de libre expresión; otorgándoles reconocimiento real a las personas de las regiones más vulnerables y que conocieron las atrocidades de la guerra en primera persona (Sanabria, 2018, p. 147).

Conclusiones

Aunque se habite un lugar de empatía, no podríamos responder desde lo personal porque no nos corresponde ni hemos vivido la angustia de tener familiares desaparecidos; sin embargo, analizando las narraciones de las tres personas entrevistadas, hemos podido dar cuenta de una serie de concordancias que se dan en las tres historias, porque el conflicto armado colombiano, a pesar de tener tantas aristas, atraviesa de formas similares a personas que han padecido específicamente la desaparición forzada.

En primer lugar, este es el caso de la relación entre la ausencia y la poca eficiencia que tienen las entidades estatales para hacer la búsqueda. Quienes se ponen en la ardua tarea de buscar a las personas desaparecidas son sus parientes, porque a ellos les duele esa ausencia, padecen esa angustia y prolongan su sufrimiento siempre y cuando no tengan información para dar con el paradero de sus seres queridos, ni para esclarecer los hechos o tener un cuerpo. Son las familias las que hacen presión para que la búsqueda se haga de forma consistente, y en este sentido nos preguntamos a lo largo de la escucha de estas historias: ¿qué implica, además del sufrimiento, asumir la carga de la búsqueda? Y con esto, la estigmatización de una búsqueda, porque en casos como estos, se ha construido un relato social en el que se dice que algo habrán hecho para que se los hayan llevado.

Abogar por la búsqueda, verdad y reparación es una actividad solitaria en tanto se hace en silencio, pero apenas se alza la voz, se comienzan a tejer redes que se unen por el dolor en común. La subjetividad política del familiar que espera al sujeto desaparecido se ve transformada debido a que el duelo se hace parte de su vida cotidiana, de la misma manera la conciencia histórica y contextual también se ve implicada y de allí emergen nuevos sentidos de vida para seguir adelante en medio del dolor y la incertidumbre.

En segundo lugar, llama la atención las tres formas en que reaccionaron las personas entrevistadas, aunque cada una a su manera. Coinciden en emociones displacenteras muy intensas y en hacer alusión a una sensación en el cuerpo muy difícil de describir. Esto, sin duda, confirma que los dolores del alma también afectan la parte física de las personas víctimas del conflicto armado y se prolongan, así hallen los cuerpos de sus familiares o sepan qué pasó, porque las tres personas aluden a que es un dolor o una sensación que va a estar ahí siempre.

De otro lado en el proceso de fabulación y metaforización, la desaparición es un momento de transformación: fuego o mucha sombra. Esto quiere decir que el hecho es un punto de quiebre y una oportunidad para crecer y aprender, luego de haber tramitado el dolor. De ahí salen las diferentes formas de afrontamiento de las que hacen uso estas personas entrevistadas.

Finalmente, se reconoce que en cada una de las historias se han logrado encontrar recursos personales y relacionales para salir adelante y continuar la vida, en algunos casos aún con la espera del familiar que ha desaparecido, en otros desde la asimilación de la pérdida y el abandono de la esperanza de volver a ver al otro, y en otros, desde el autorreconocimiento como sujetos políticos, que tienen una historia derivada de un contexto social y político determinado por la violencia del país y que la mejor manera de reconciliarse con el destino ha sido la aproximación del país y su contexto sociopolítico.

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  1. 1 *El artículo de investigación se deriva de la tesis de la Maestría en Desarrollo Educativo y Social entre Cinde y la Universidad Pedagógica Nacional, desarrollada entre 2021 y 2023. Área: Psicología Social, Ambiental y Comunitaria.

  2. 2 Consultora en gestión de proyectos sociales y educativos. Comunicación Social - Periodismo, Universidad Autónoma de Occidente. Maestría en Desarrollo Educativo y Social, Universidad Pedagógica Nacional – CINDE. Colombia. Correo electrónico: valentinacortesvillegas@gmail.com, ORCID: https://orcid.org/0009-0004-3129-3798

  3. 3 Coordinadora Área Educativa Museo de Bogotá. Antropóloga - Universidad de Los Andes. Maestría en DES - Universidad Pedagógica Nacional, CINDE. Colombia. Correo electrónico: am.saavedraarango@gmail.com, ORCID: https://orcid.org/0009-0004-5449-7048

  4. 4 Doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud y Magister en Educación y Desarrollo Humano, Fundación Cinde y Universidad de Manizales. Magister en Gestión de Proyectos y Psicólogo, Universidad Ean. Diseñador Industrial, Universidad Autónoma de Colombia. Actualmente Coordinador del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación, Investigador y Docente de la Fundación Cinde y el Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud de la misma entidad y la Universidad de Manizales. Colombia. Correo electrónico: dospina@cinde.org.co, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1954-2489

  5. 5 Nombre cambiado para preservar la identidad.

  6. 6 Nombre de su padre desaparecido, cambiado para preservar la identidad.

  7. 7 Nombre cambiado para preservar la identidad del entrevistado.

  8. 8 Nombre de su hermano desaparecido, cambiado para preservar la identidad.

  9. 9 Nombre cambiado para preservar la identidad de la entrevistada.

  10. 10 Nombre de su hijo desaparecido, cambiado para preservar la identidad.

Fecha de ingreso:

28 de marzo de 2025

Fecha de publicación: 12 de diciembre de 2025

Referencia:

Cortés-Villegas, V., Saavedra, A. M. y Ospina-Ramírez, D. A. (2026). Duelos truncados: sentidos subjetivos y narrativas de jóvenes y madres de personas desaparecidas en Colombia. Revista Aletheia, 18(1), 1-27. https://doi.org/10.11600/ale.v18i1.857